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Cómo desde muy niños aprendemos, de forma inconsciente, que nuestro valor está determinado por lo externo, por cuán apreciados, por cuán queridos y por cuán aceptados somos.  Estas creencias o formas de ver la vida se van enraizando durante años, durante todo nuestro período de crecimiento hasta tal punto que llegan a ser tan parte nuestra que ni siquiera nos las cuestionamos.

Ya, de adultos, nos encontramos en una búsqueda constante y hasta a veces enfermiza, de aprobación; podemos llegar a tener una necesidad de pertenecer, de ser aceptado, muy grande.  Es muy común sentir que si no soy parte de algo, no soy nadie.   Es como que esos detalles me determinan, son los que me hacen sentir que existo sino, nos enfrentamos a las interrogantes tan duras y difíciles de  ¿quién soy? o ¿qué soy?

Depende de las realidades de cada persona y las familias o entornos en los que nacemos, los que pueden ir agravando o minimizando esto.  Imagínate una familia para la que adicionalmente el status social o económico toma un peso muy relevante.  

Si creces viendo que a ciertas personas se les considera "más" por el apellido que tienen, por cómo viven o por qué tanto tienen, entonces ya los escenarios a futuro van a ser no solo mantenerte totalmente distraído buscando ser “eso” que crees que es más valioso sino que para despertar y darte cuenta que eso no era, requerirás de situaciones dramáticas o muy dolorosas.

Entonces si hoy vemos nuestras formas de relacionarnos, nuestras formas de vivir, podemos percibir cómo detrás de las máscaras y personalidades que cada uno adopta y muestra al mundo, hay un SER esperando ser reconocido y atendido algún día. 

Hay la teoría del niño interior.  Sabes que es El Niño interior para mi?  Es justamente ese ser que está a la espera de ser rescatado, de que en algún momento nos acordemos que existe, de esa esencia que cada uno lleva dentro.  Nuestra tarea es ir a su encuentro, nuestra tarea es regresar a él o ella,  abrazarlo, comprenderlo, es pedirle perdón por haberlo olvidado tanto tiempo, y finalmente volverme UNO con él/ella. 

Ese día será el más feliz y pleno de mi existencia.  Ese día por fin podré mostrarme, ese día finalmente dejaré caer todas mis máscaras (ya que no las necesitaré más) porque ahora seré uno solo, un ser integrado, aceptándome completo con toda mi historia de dolor y amor y, comprendiendo que para eso había venido a esta experiencia humana.  Para integrarme, para recordar quien era, para recordar que era una Unidad y que, por un momento, me creí separada.