Poniendo límites...

El aprender a poner límites no es una tarea fácil ya que, te pone frente a distintas voces que la mente empieza a mencionar.   Se me vienen algunos ejemplos…

Estás siendo mala gente... Hay que ser bueno con las personas... Estás siendo egoísta... Estás siendo duro..., Qué te cuesta ayudar?.., etc.

Para mí ha sido un largo camino el empezar a practicar el poner límites.  Primero, estuvo la etapa de darme cuenta que no los estaba poniendo en mi vida, el sentir que tenía que empezar a hacerlo y luego, ya vino el proceso de aprender a hacerlo. (la práctica)

Creo que esta imposibilidad que podemos tener de establecer límites con las personas se puede deber en gran parte a la educación que hemos recibido, a los mensajes que hemos escuchado desde muy niños y, a la costumbre de querer agradar y quedar bien con las personas.

El quedar bien con las personas no tiene nada de malo mientras en el intento por lograrlo, no esté pasando por encima mío ni me esté dejando de lado.

Para mirar una raíz que creo tiene que ver con esto, pensemos en los padres.  Cuando uno decide ser padre, lamentablemente no se le entrega un manual sobre la forma correcta de educar a sus hijos.  Todos, sin distinción, vamos aprendiendo en el camino, con la práctica, cometiendo errores y tratando de ser mejores cada día.  A veces nos puede pasar darnos cuenta que nos equivocamos cuando ya el tiempo y los años pasaron y, los 'daños' ya están hechos.

Para mí uno de los principales 'daños' que cometemos como padres es no enseñarles a nuestros hijos a quererse, a tener claro que ellos están primero y, cuando digo PRIMERO no lo digo en el sentido de convertirlos en unos tiranos o egoístas sino en la forma sana de comprender que si yo no estoy bien primero, no puedo relacionarme de una forma satisfactoria.   Nos enseñan equivocadamente que pensar en mí primero es ser egoísta, y que debemos pensar en el otro; en hacerlo feliz.

Hay infinidad de sutiles mensajes:

“Hay que hacer feliz a Papá…”,  “Hay que hacer feliz a Mamá…” (a la abuelita, al tío o tía, etc. ), “Si te portas mal y no eres el tipo de niño que debieras ser, me pongo triste…”,   “Debes ser un buen niño sino la gente no te va a querer…”,   ¿Por qué no eres cómo tu hermano(a); mira qué bien hace tal o cual cosa!…”, "Tú eres mi hijito adorado, por qué no haces esto o aquello?"...

Y así muchos mensajes más que soltamos o que podemos escuchar a los padres decir.

Entonces, todos crecemos condicionados a agradar, condicionados a ser 'cómo debemos ser'. 

Nadie tiene que ser de ninguna forma!  Y menos para hacer feliz a alguien o para agradar a alguna persona.

Si cada uno se dedicase a hacerse feliz a si mismo, no nos pasaríamos la vida exigiendo o esperando que alguien venga a hacerme feliz!  Pero justamente eso no nos lo enseñan.  

Y, ya cuando uno es adulto le toca hacer ese trabajo por uno mismo.  Nadie más lo va a hacer.

Y, un factor crucial para lograrlo es aprendiendo a poner límites, aprendiendo a decir NO sin sentirme mal.   Empezar a liberarte y limpiarte de todo lo que algún día te dijeron.  

Empieza a ser lo que quieres ser tú hoy.  Lo que te hace feliz a ti hoy día.